Hoy esta publicación va a ser un poco diferente. La voy a escribir enteramente en castellano, mi segundo idioma. Ayer nos hemos consagrado campeones del mundo por segunda vez, en Nueva York, frente a Argentina, en un partido que dominamos completamente. Fuimos mejor equipo, hemos jugado mejor, hemos generado más oportunidad de marcar un gol, que surgió alrededor del minuto 105. Manuel y yo estábamos en un bar. A él no le importa el fútbol, pero a mí me gusta disfrutar de estas finales en un lugar donde la gente esté a gusto, vibrando con su selección. Hice lo mismo con Portugal en la Eurocopa de 2016.
Este es mi primer mundial. Mi Mundial con España. Ahora sé lo que es ser campeón del mundo. Si fuera solo portugués, probablemente jamás lo sabría. España lo merece, por su juego, por su calidad, por su determinación en campo. Es un día muy feliz por aquí. La gente está contenta, y eso se ve en las camisetas y las banderas rojas y amarillas que decoran las calles, los balcones y las ventanas. ¡Y viva España!



